
Pietas Austriaca
Carlos Patiño y la música en la Real Capilla de Felipe IV
Carlos Patiño nació en Santa María del Campo Rus, actual provincia de Cuenca, en 1600 y murió en Madrid en 1675. Tras estudiar en la Catedral de Sevilla con Alonso Lobo, alumno a su vez de Francisco Guerrero, en 1628 fue nombrado maestro de capilla del Monasterio de la Encarnación de Madrid y en 1634 maestro de la Real Capilla, cargo que ocupó hasta su fallecimiento. En su época fue el músico más renombrado de la Monarquía Hispánica y el propio Felipe IV afirmó de él que se hallaba «con satisfacción y agrado de su ciencia en la música». A pesar de que gran parte de su música se ha perdido, centenares de sus obras se conservan dispersas en numerosos archivos españoles e hispanoamericanos.
En el presente programa se han seleccionado varias piezas notables de Patiño, algunas de ellas conservadas en varios archivos o bibliotecas, lo que prueba la gran popularidad que alcanzaron. Cabe destacar, en este sentido, el motete Maria, Mater Dei, del que han llegado a nosotros numerosos ejemplares. Patiño estaba tan orgulloso de esta obra que se hizo retratar con ella en el cuadro pintado por su hijo Pedro Félix y que hoy se custodia en la Biblioteca Nacional de España.
La principal labor de Patiño al frente de la Real Capilla fue la de componer música para las principales fiestas religiosas en las que participaba la Corte. Esta música no solo servía al culto divino, sino que, al mismo tiempo, construía una imagen de la Monarquía. Aunque hoy en día nos resulte extraño, en el siglo XVII era habitual que los reyes se identificasen con personajes sagrados: el rey se identificaba con el Dios encarnado y la reina con la Virgen María. Especial importancia tenía la exaltación de la «pietas austriaca», la devoción que tendría la Casa de Austria hacia el Santísimo Sacramento, en el contexto de lucha contra la herejía protestante. En este sentido, la Corte madrileña celebraba mensualmente las denominadas «Cuarenta Horas», ceremonia eucarística que recreaba las horas en que estuvo Jesucristo muerto en el Santo Sepulcro y en la que tenían especial protagonismo los villancicos al Santísimo. Patiño también fue el responsable de poner música a las honras fúnebres de Felipe IV que tuvieron lugar en el Monasterio de la Encarnación en 1665. Su Libera me, Domine, que se cantaba durante el rito de absolución ante el catafalco, se siguió cantando en las honras fúnebres de los monarcas españoles hasta finales del siglo XVIII.
